Juana Inés, vivió en la Hacienda Panoaya de los 3 a los 8 años de edad (1651 a 1656). Aquí aprendió a leer, a escondidas, en la bibilioteca de su abuelo quien arrendaba la Hacienda. En las habitaciones, pasillos y capilla de la Hacienda, con un poco de imaginación, se puede sentir la presencia de esa niña quien llegaría a ser la mujer más significativa de su época, Sor Juana Inés de la Cruz. En el reverso del nuevo billete de 200 pesos, dedicado a Sor Juana, encontrarás la vista del patio de la Hacienda. No te puedes perder la visita guiada al Museo de Sor Juana Inés de Cruz. En ella, conocerás, la gloriosa y conmovedora historia de Juana Inés.
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Breve Historia de la Antigua Hacienda Panoaya y Sor Juana Inés de la Cruz
Carlos I de España o V de Alemania, el Rey Español que no sabía español (su idioma era el francés), otorgó la Hacienda Panoaya como merced al primer cacique de
Amecameca, Pedro Paez Izital, en 1534, a sólo 13 años de la conquista, por haber ayudado a los conquistadores.
En los años 1999 y 2000 la Hacienda fue salvada de la destrucción y restaurada por un patronato privado, empleando a más de 80 carpinteros, albañiles, pintores, etc.
Para la restauración se contó con la asesoría del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
El INAH ha dictaminado que las construcciones del casco de la Hacienda, excepto el último piso del torreón, son auténticos del siglo XVII, o sea de la época de Sor Juana
Inés de la Cruz.
A sólo 50 metros del casco de la Hacienda se encuentra el PASEO ENCANTADO DE JUANA INÉS, un camino romántico, lleno de misterio, marcado por vetustos árboles.
Sor Juana Inés de la Cruz en la Hacienda de Panoaya
Juana Inés nació el 12 de noviembre de 1648 (o 1651) en San Miguel Nepantla. Sus padres fueron Pedro Manuel de Asbaje e Isabel Ramírez. A los 3 años vino a vivir a
Panoaya, Hacienda que arrendaba su abuelo Pedro Ramírez de Santillana. Como dice Francisco de la Maza en su libro LA RUTA DE SOR JUANA, "en realidad Juana
Inés pertenece a Panoaya más que a Nepantla".
Juana Inés aprendió a leer a escondidas a los 3 años de edad. A los 8 años compuso su primer poema, una LOA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO, y ganó un concurso
local en Amecameca.
Pedía que la vistieran de hombre, para poder entrar a la Universidad. No se lo permitieron, porque en esos tiempos las mujeres no tenían el derecho de cultivarse
intelectualmente. Así tuvo que estudiar los libros de su abuelo a escondidas, para lo que se refugiaba en la capilla de la Hacienda. Como dice en uno de sus escritos
sobre su deseo de estudiar: "...sin que bastasen castigos ni represiones a estorbarlo".
En 1656 (?), cuando murió su abuelo, fue enviada a México para vivir con una tía. Ahí Don Martín de Olivas, Bachiller de la Real y Pontificia Universidad, dio clases a
Juana Inés, quien aprendió Latín en sólo 20 lecciones.Debido a su relumbrante belleza y extraordinaria cultura, cuando tenía aproximadamente 15 años fue invitada a
vivir en el Palacio Virreinal con el título de "muy querida de la Virreina" Leonor María Carreto, Marquesa de Mancera, a quien se refiere Juana Inés en sus poemas como
"Laura". Juana Inés se convirtió rápidamente en el centro de atención de palacio.
El Virrey convocó a 40 sabios novohispanos para examinar los increíbles conocimientos de la niña. Salió victoriosa. Dicen que su encuentro con los 40 sabios fue como
el de 40 lanchas contra un galeón español. A la entrada de la Hacienda se exhibe un retrato de Juana Inés en la época del examen. Era bellísima, además de que poseía
un brillante intelecto.
En el patio de la Hacienda y en sus habitaciones puede sentirse la presencia de la niña Juana Inés. En este espacio, que se antoja mágico, pasó su niñez. Aquí jugó, aquí
corrió. De aquí salió ese maravilloso ser que se convirtió en la mujer más significativa de todos los tiempos en el continente americano. Más tarde fue amiga de la esposa
del Marqués de la Laguna, la Virreina María Luisa, Condesa de Paredes, a quien Juana Inés llama "la Divina Lysi" en sus poemas. Las amistades con ambas Virreinas
fueron muy profundas. Aparentemente, al juzgar por sus poesías, llegó a sentir el amor (Fabio en sus poesías). Sin embargo, las posibilidades de matrimonio eran nulas,
debido a su superioridad intelectual y por ser hija natural.Su verdadero interés eran la cultura, la ciencia y la música. Y, para poderse dedicar a ellas, en 1667 entró al
Convento de Santa Teresa la Antigua de las Carmelitas Descalzas. A los 6 meses salió gravemente enferma, y un año después, en febrero de 1669, ingresó al Convento
de San Jerónimo.
Hechos sobresalientes de la historia del conflicto de Sor Juana con la Iglesia.
Don Manuel Fernández de Santa Cruz, obispo de Puebla, la invitó a comentar un discurso muy famoso de 40 años antes, pronunciado por el jesuita portugués Antonio
Vieyra sobre cuál ha sido la más grande fineza de Cristo hacia los hombres, usando para ello argumentos vanos y rebuscados. Sor Juana destruyó los argumentos de
Vieyra en la "Carta Atenagórica" y postuló que "por amor a los hombres, Dios los ha hecho libres". Recordemos que Sor Juana habla de libertad en una época en que el
hombre era todo menos libre. Era súbdito del señor feudal y del Rey.
El Premio Nobel Octavio Paz dice del enfrentamiento intelectual entre Sor Juana y Vieyra: "Sor Juana es un verdadero pugilista intelectual". No cabe ninguna duda de que
aniquiló intelectualmente a Antonio Vieyra y habló de algo inaudito, o sea que Dios había hecho a los hombres libres. La jerarquía eclesiástica, toda masculina,
naturalmente calificó la carta de Sor Juana como una grave falta, por haberse atrevido la monja a contradecir a un jesuita. Sor Juana se vio aislada. El obispo de Puebla
le dirigió a Sor Juana una carta con el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz, amonestándola a "enmendar su vanidad y rebeldía digna de castigo", amenazándola con el
castigo divino. Sor Juana contestó en la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, defendiendo el derecho de la mujer a la cultura. El Sorjuanista Lic. Alberto Salceda califica
esta carta como La Carta Magna de la Liberación de la Mujer.
En 1693, Sor Juana fue sometida a un juicio episcopal secreto. De acuerdo con la sentencia condenatoria, Sor Juana fue obligada a entregar sus bienes y su biblioteca
(de más de 4,000 libros, la más grande de América) y sus instrumentos musicales y científicos al Arzobispo Aguiar y Seijas, a abjurar de sus errores y a no publicar más.
Ella ya no resistió. Todo le era hostil. Su corazón estaba roto. Firmó una confesión con su sangre:"Yo, Sor Juana Inés, la peor de todas". Atendió sin descanso a las
monjas enfermas de peste. Murieron 9 de cada 10 en el convento. Sucumbió ella también. Así sacrificó lo último que le quedaba: su vida. Murió el 25 de abril de 1695 de
"la pestilencia" a los 47 (44) años.
Los documentos del juicio secreto que destruyó a Sor Juana fueron descubiertos en el Arzobispado en 1877, pero nunca fueron dados a conocer (La Muerte de Sor
Juana, por Antonio Trabulse).
De esta manera acabó un intento heroico, solitario, demasiado anticipado, de la liberación del individuo, que más tarde, con los Enciclopedistas, la Revolución Francesa,
la fundación de los Estados Unidos de América, etc., se realizó al fin y se llama La Ilustración. Este movimiento de La Ilustración finalmente llevó a la independencia de
México, a la revolución científica e industrial, o sea a los tiempos modernos que hoy vivimos. Sin duda Sor Juana es la mujer más significativa de América.
